domingo, 12 de abril de 2009

¡Feliz Pascua!



He estado escuchando estos días a mi padre ensayando y he prestado más atención de lo que normalmente hago:
“Stabat Mater dolorosa
Juxta Crucem lacrimosa,
Dum pendebat Filius.”
Y he sentido el dolor de esa Madre, Madre de todos al fin y al cabo, mi Madre, y he querido ser mejor para enjugar sus lágrimas. ¡Qué difícil es secar unas lágrimas a veces, porque ser bueno es difícil!
“O quam tristis et afflicta
Fuit illa benedicta
Mater Unigeniti.”
Sin embargo hoy llega la Pascua y el Hijo resucita una vez más, aunque no he sido más bueno, ni he buscado más tiempo para escuchar su palabra, Él, que murió por mí, por nosotros, que dejó a su Madre llorando a los pies de la cruz por todos, resucita una vez más y nos da de nuevo la oportunidad de amarle, de no volverle a crucificar y de que evitemos que a María se le traspase el corazón una vez más.
Siento que, a pesar de todo, he sacado algún provecho a esta Pascua, una vez más sostenido en la música. ¡Feliz Pascua a todos!

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